Zapatismo

Los Zapatistas se presentaron al mundo el 1 de enero, 1994, aunque las raíces de la rebelión pueden ser derivadas hace 500 años a la invasión europea de las Américas.  Durante esos cinco siglos, comunidades indígenas perdían control de tierras históricas y a menudo eran obligadas a entrar en esclavitud o esclavitud virtual.  Muchas rebeliones ocurrieron durante este período, lo cual hace que el levantamiento zapatista forme parte de una larga historia de lucha y resistencia.  Llegadas las últimas décadas del siglo veinte, las comunidades indígenas de Chiapas vivían en las tierras más marginales y aisladas del estado.  Niveles altos de pobreza y la falta de asistencia médica plagaban las comunidades.  El levantamiento zapatista fue un resultado directo de estas condiciones. 

El movimiento Zapatista encuentra sus raíces modernas en el contexto histórico del segundo mitad del siglo veinte.  La “guerra sucia” en México hizo que mucha gente joven se pasó de la política establecida y optó por rebelión abierta.  Esto era particularmente cierto para las Fuerzas de Liberación Nacional (FLN) y varios otros grupos maoístas que enviaron cadres para trabajar en comunidades indígenas en el sur de México.  Simultáneamente, la iglesia católica estaba involucrada en un despertamiento social inspirado por la “opción preferencial para los pobres” de Vatican II.  Diáconos indígenas bajo la dirección del obispo Samuel Ruiz difundieron un evangelio basado en una combinación de creencias católicas e indígenas.  Pero sobre todo, la rebelión vino de las mismísimas comunidades indígenas.  Hartas de generaciones de abuso, enredadas en una crisis que combinó la falta de tierra con la falta de oportunidades económicas, y sin ver una resolución política, comunidades indígenas organizaron el Ejercito Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) a mediados de los 1980s.  

En 1992, Presidente Carlos Salinas de Gortari modificó Artículo 27 de la constitución, terminando el compromiso histórico que México tenía con la reforma agraria.  Articulo 27 era la fundación legal para la distribución de las tierras comunes llamados ejidos.  La distribución de la tierra fue uno de los mayores logros de la revolución de 1917, y en 1992 los ejidos formaron casi la mitad de la tierra campiña de México.  Los derechos a los ejidos pertenecen a la comunidad para siempre.  Aunque familias puedan controlar parcelas para generaciones, la tierra no se puede vender y legalmente pertenece a la comunidad, no al individuo.  La mayoría de los ejidos incluye también parcelas grandes dedicadas al uso comunal.  Cuando la constitución era reformada, había miles de peticiones pendientes para ejidos, algunos desde hace generaciones.  Con la abolición de la reforma agraria, estas comunidades perdieron toda esperanza de recibir el estatus de ejido. 

La reforma de Artículo 27 fue el cambio más importante de varias centenas de cambios a la ley constitucional y civil hechos por México por la insistencia de los EE.UU. en anticipación de TLCAN.  La reforma representa un elemento importante en el “deterritorialization” de la clase campesina, parte de un proceso que comenzó en la década de las setenta cuando la clase gobernante mexicana empezó a abandonar programas que apoyaban a las áreas rurales a favor de la industrialización encabezada por las maquiladoras.  El proceso de “deterritorialization” obligó entrar en la mano de obra a millones de campesinos, suministrando así obreros baratos para el sector maquiladora que estaba creciendo rápidamente.  Con sus enlaces fuertes a la tierra, los campesinos sólo estaban atados marginalmente a los mercados capitalistas internacionales, pero al romper esos enlaces, la clase capitalista desató nuevas oportunidades para ganar dinero basadas en la explotación de los millones de ex campesinos como jornaleros. 

La modificación del Artículo 27 fue como una bofetada en la cara a las comunidades indígenas por todo México.  Al año siguiente, comunidades zapatistas en Chiapas empezaron un serie de consultas populares con una pregunta principal – ¿debe el EZLN levantarse en armas?  La respuesta fue un resonante “si”, aunque la iglesia católica resistió vehementemente al levantamiento.  

Los resultados ahora han pasado a la historia.  El 1 de enero, 1994, el mismo día que TLCAN entró en vigor, miles de zapatistas armados tomaron control de centros de población importantes y quizá 500 fincas en Chiapas – para la sorpresa del ejército, clase gobernante, y comunidad internacional.  El periódico The New York Times dijo de la rebelión zapatista que fue la primera revolución “posmoderna.”  El hecho de que el levantamiento coincidió con la firma de TLCAN no fue de casualidad.  De muchas maneras, los zapatistas estaban rebelando contra el modelo neoliberal encerrado en TLCAN, los ajustes estructurales del FMI, y la política federal que amenazó el supervivencia de 25 millones de campesinos.

El combate duró menos de dos semanas, y bajo la presión de sociedad civil, el gobierno asintió a un alto el fuego el 12 de enero.  Empezó un serie de charlas intermitentes que culminó con la firma de los Acuerdos de San Andrés en 1996.  Estos acuerdos históricos, que trataron de autonomía y derechos para indígenas, fueron concebidos como el primer elemento en un serie de pactos que eventualmente daría paso a una paz justa y comprensiva.  Desafortunadamente, había una falta grave de voluntad política por parte del gobierno. 

Aunque los oficiales finalmente firmaron los Acuerdos de San Andrés, su compromiso con el proceso de negociación siempre estaba bajo sospecha.  En febrero 1995, el ejército invadió hasta los partes más lejanos de Chiapas, eventualmente mandando 70,000 tropas (una tercera parte del ejército entero) al estado.  Así empezó una estrategia conocida como “guerra de baja intensidad”  aunque es llamado con más precisión “guerra contra la gente civil.”  Puntos de control, patrullas del ejército, invasiones militares, y alianzas con grupos locales paramilitares constituyeron los esfuerzos para desmoronar la resistencia.  Hoy hay mas de 100 campamentos militares distribuidos por las aéreas de influencia zapatista.  La estrategia paramilitar culminó en el asesinato de 45 campesinos en la comunidad arribeña de Acteal en diciembre de 1997.  Hoy en día la actividad paramilitar guiada por personal del ejército aún representa una amenaza constante.           

Mientras tanto, a pesar de firmar los Acuerdos de San Andrés, el gobierno federal negó a implantar el acuerdo por vía de los cambios constitucionales necesarios.  Hartos de esperar para promesas no cumplidas, los zapatistas empezaron a implantar los acuerdos para sí mismo tras el establecimiento de Aguascalientes, centros de resistencia que combinaron desarrollo cultural y económico con el gobierno autónomo.  En 2001 la administración recién electo de Vicente Fox, aprobó una versión suavizada de los Acuerdos de San Andrés que fue rechazada inmediatamente por cada grupo indígena en México.   

En 2003 los cinco Aguascalientes eran cambiados a Juntas de Bueno Gobierno – estructuras gobernantes extra-constitucionales que realizan las funciones de gobiernos constitucionales locales y regionales.  Los miembros de las Juntas son elegidos en asambleas comunitarias para plazos de un año.  La constitución de las Juntas cambia cada semana, con representantes de distintas comunidades desempeñando el papel.  Las Juntas realizan todas las funciones de los gobiernos constitucionales paralelos, incluyendo decisiones económicas, ejecución de las leyes, y una magistratura eficaz.  Un comité de vigilancia guarda contra abusos de poder.  Las Juntas gobiernan bajo el mandato de “mandar obedeciendo.”  Representan un experimento en la devolución del poder al nivel comunitario, y rápidamente están ganando una reputación entre comunidades zapatistas y no-zapatistas por su gobierno honesto y transparente.  En septiembre 2004 el movimiento zapatista publicó un resumen del primer año que incluyó una contabilidad de cada centavo recibido por las juntas durante el año.  Las cuentas detalladas están disponibles para que cualquiera persona las pueda ver en las cinco Juntas. 

El concepto de autonomía es central al zapatismo.  Autonomía se entiende como construir un mundo donde quepan todos los mundos.  Significa respeto para usos y costumbres con la descentralización de poder al nivel comunitario.  Un elemento central en el concepto zapatista de autonomía es el rechazo del mal gobierno, y esto incluye rechazar ayuda financiera del gobierno.  Sin embargo, los zapatistas son patrióticos e inquebrantables en cuanto a ser mexicanos y no tienen ningún deseo de formar un estado independiente. 

El proyecto Zapatista esta construido en tres fundaciones: educación, asistencia medica, y desarrollo colectivo.  El sistema de educación se centra en la formación de promotores de educación indígena que dan clases de primaria en su idioma nativo y también en español.  Algunos de estos promotores dirigen una escuela internacional de idiomas que ofrece clases en español y tzotzil.  Cobran el equivalente de tres días de salario mínimo por una semana de clases con comida y alojamiento incluidos, y los ingresos son usados para apoyar el programa de formación para profesores.    

Del mismo modo, el sistema de asistencia médica se centra en la formación de promotores de asistencia médica indígena que practican una combinación de medicina occidental y curación tradicional.  Clínicas regionales están ubicadas en las Juntas de Buen Gobierno, mientras que clínicas locales proveen asistencia preventiva y de urgencia.  La Red de Solidaridad con México recoge medicinas donadas  por el más grande de las clínicas zapatistas en Oventic.  Una lista completa de medicinas básicas está disponible en el sitio web de la Red de Solidaridad con México.

Desarrollo económico está construido colectivamente usando el modelo cooperativo.  Hoy las cooperativas más importantes se encuentran en la producción de café y en artesanías.  Mut Vitz es la cooperativa zapatista de café más grande.  Ubicada en la región arribeña de San Juan de la Libertad, incluye 600 familias de 26 comunidades.  Fundada en 1997, Mut Vitz produce café orgánico de calidad superior, crecido en la sombra, la mayoría del cuál se vende en el mercado de comercio justo.  La cooperativa de compra Café Campesino provee el café Mut Vitz a la Red de Solidaridad con México.

La Red de Solidaridad con México trabaja con tres cooperativas de artesanía de mujeres en las regiones arribeñas – Mujeres por la Dignidad, Xulum Chon, y Nixim Rosa.  Mujeres por la Dignidad es la más grande y más vieja con aproximadamente 600 miembros.  

El zapatismo no pretende ser un modelo para nadie, pero ha sido una inspiración para millones de personas por todo el mundo.  Aunque la ejecución de autonomía, organización colectiva, autogobierno, y mandar obedeciendo está basada en culturas locales únicas en Chiapas, el movimiento zapatista ofrece inspiración a millones de personas alrededor del mundo que están construyendo sus propias alternativas locales al neoliberalismo.